Publirreportajes / CLEPTA DESIGN


Buscando una sociedad cada vez más consciente de los resultados de sus conductas de producción y consumo, Clepta asume parte de la responsabilidad, salvando “basura” para salvar el planeta.

Julieta y Faiber estudian juntos Diseño Industrial. Julieta y Faiber se gradúan y deciden ir a trabajar un verano en EE.UU. Julieta y Faiber regresan a Colombia. George Bush les devuelve los impuestos del viaje. Julieta y Faiber deciden vacacionar en Ecuador con este dinero. Álvaro Uribe mata  a Raúl Reyes. Julieta y Faiber se quedan sin paseo.

¿Qué hacer con ese dinero? Claramente para Julieta Serrato y Faiber Carrillo gastarlo en fiestas no era en absoluto una opción; así que conciben Clepta, su propia marca de “ecodiseño” basada en la descontextualización; adaptando, reinterpretando y construyendo nuevos productos a partir de otros diseñados con una función diferente, y que al mismo tiempo ya habían cumplido su ciclo de vida.

Con esta mentalidad ecologista, Clepta diseña carteras, billeteras y otros productos, valiéndose de casi cualquier material, desde forros de lavadora y pisos de carpa, hasta guayas de carro, mangueras plásticas y telas imperfectas.

La idea surgió gracias a la tesis de Julieta, cuando los asistentes a la presentación intentaron comprar los artículos que exhibía como proyecto. Este se basaba en un concepto llamado “reciclaje de imagen”, con el que se planteó que todos piensan en reciclar el papel, pero nadie en rescatar la impresión, teniendo en cuenta que este es un procedimiento en el que se invierte energía, tinta y un sinnúmero de procesos que también se pierden. El resultado fue una técnica en la que tomaban las imágenes de las revistas, las transferían a telas vinílicas y con estas se fabricaban carteras, billeteras y calzado. Sobre este pilar se construyó Clepta.

“La vida se encarga de encaminarlo a uno y decirle: Dedíquese a tal cosa, porque obviamente queríamos ejercer nuestra carrera, pero sabíamos que tenía que existir una opción de vida que no fuera detrás de un computador”, dice Faiber. “De todas maneras el mercado de las carteras es muy competido, por eso la única salida era hacer algo innovador, que nadie hubiera hecho. Es claro que las carteras a base de material reciclado ya existen, lo que pasa es que muchos se quedan en un solo material, mientras que para Clepta todo sirve”, agrega Julieta.

Así, con ella clara en la parte de diseño y él (especializado en mercadeo) determinando el mejor camino para introducirse al mercado, nace Clepta.

Comienzan con una producción de 30 carteras, que (como casi todo negocio nuevo), se vendieron dentro del círculo social de los dos. Aun así, la rapidez con la que se agotó la primera colección y surgieron nuevos pedidos, fue prueba suficiente para reinvertir el dinero y comenzar de lleno con el negocio. Ahora, solo un año después, Clepta produce un promedio de 120 carteras mensuales, además de otros productos como billeteras, cosmetiqueras y una nueva línea de productos para hombre. Un ascenso vertiginoso que resulta irónico, cuando nos enteramos que Julieta soñaba con trabajar para varios de los que ahora son su competencia.

Y es que ha sido tal la aceptación, que con su corta historia han logrado lo que muchas marcas ven como la mejor señal de que las cosas están haciéndose bien: Ser plagiados. Hace un tiempo comprobaron que en una de las principales ciudades del país, alguien estaba vendiendo imitaciones de sus productos;  con los mismos diseños e incluso el mismo logo.

“Sabemos que nuestro grupo objetivo se siente atraído hacia la marca porque van tras algo que las haga verse modernas. Son niñas que están comenzando su vida laboral y lo último que quieren es perder su estilo o usar un accesorio que las haga verse demasiado serias para su edad; además quieren un producto multicontextual, que les sirva para ir al trabajo y salir a la calle”, afirma Faiber.

De ahí que para Clepta no solo sea importante la parte externa de sus productos, entendiéndola como lo que uno quiere proyectar de si mismo; sino que también se pone especial atención al diseño interior, que debe ser lo más divertido posible, pues se trata de lo que el usuario verá siempre que abra su cartera o billetera. “Una cosa es lo que quiero que la gente vea, pero otra distinta es lo que yo veo, esa parte es para mi, esa parte soy yo, por eso siempre buscamos que sea en materiales con estampados llamativos”, afirma Julieta. Ha resultado tan fuerte esta percepción, que muchos de los clientes seleccionan los productos por el diseño interior, más que por el exterior.

El nivel de personalización es total, desde pedir la cartera en determinada tela o color, hasta llevar los materiales con los que se quiere el producto. De modo que si tienen algo en casa que quieran tirar a la basura, piénsenlo una vez más, posiblemente puedan darle a esa sombrilla dañada la oportunidad de reencarnar como billetera.